lunes, 25 de enero de 2021

Qué yeyuno la tinta (a C. C.)

 


David y Saúl (1878) y Ernst Josephson



Qué yeyuno  

la tinta 

troca. 

Medio

sustantiva.

Y el resto.

Saúl.

Súplicas.


Predominio.

Tira

su lengua

la gelatina,

el sabor

opuesto,

linea

que 

posee

un relativo

componente

de pasión. 

Por eso,

amar,

como todo

lo que tienta

en su propio

consenso

revuelca, 

repite: aquello

donde no

puede examinar 

y quizá

extingue

lo que guarda.

Lo otro.

Lo que supone

UNO

debe ser

reverencia

se escurre

entre platos

adjetivos,

mientras 

se acude

la puerta

a

responder

quién repulga?


Se sabe 


(que)

a veces 

el alma

leva

sin 

reservas. 

viernes, 30 de octubre de 2020

34 poemas, el último ( a NQ)


 Miguel Hernández

 

Por la siniestra del Hudson, temprana la mañana, emerge la ciudad. Las luces, pequeños apagones, provocan el gris que anunciaron ayer envolvería el día y que no obstante, humana velocidad, se disuelve en los semáforos y, dentro de los autos, algunos rostros, entibados, camino al trabajo despiertan debajo de un aguacero. 


Cabizbajos, otros jalonean el don de los perros. Sombras, según las paredes, evitan el agua. La pulla del viento y el latido humano les recuerda que habrá que recoger la mierda aun de las exasperadas fieras de Miguel Hernández.  


Y, casi noviembre, brillo y humedad, acullá los pocos, insisten saber cómo trasladar pasiones, deber, y dolor a sus propios actos. Y. O. Reducir el curso y ponerlo en marcha, sin condiciones, y palpar el asfalto donde ya se pegan las hojas averrugadas y pulposas, mientras el ruido destapa, y la esfera emana, corona sobre los árboles, otra orilla que se transforma en un día más. 

martes, 27 de octubre de 2020

34 poemas y del veinte y siete al treinta y tres - J. S. Bach y la suite francesa Nro. 5 en Sol Mayor (BMV 816) y András Schiff (a JBC)




Allemande


Como si (La Vida al empezar) empezar presentara -primero- un tacón funcional y, luego, el collar apretara, al caer, una protuberancia a la que se le aplicará el pie una y otra vez. 

 

Courante


No hay que tener valor. Tres colores, dos pasos, varias cabezas porosas, y el canon fabrica el encaje de su velo, y sus dedos, curetaje, la excepción de ese vitiligo por donde la esgrima se escurre. 


Sarabande


A tientas, asta en el ojo, el zumo conversa con la retina en la cóclea: de costa a costa, crujidos entre negras y blancas rocas, se acercan y pisan bonito los tres: El Padre, El Hijo, y El Espíritu Santo.


Gavotte


Queda el teclado hermético y de peral dorado su butaca, sans vueltas, lábil marfil, presionada la peluca (roñas, tiñas, y alopecias) hacia el filo de los Alpes si es que el fin es, al cabo, lento faisandaje agujereado de perle. 


Bourrée


Talón sin fecha. Y a punto de mentir, Gozar y amagar, Amagar y no dar, Dar y reír. Y si se quiere, Cádiz también. 


Loure


A pesar de todas las reverencias, sospecha, huesos desiguales, el cuello de su armadura, y la expresión del asombro. De soslayo: notas inégales los labios del brete. 


Gigue


Sin apuros lo que cae, cae. El pie -anacrusa- ensancha a medida que el terreno se va creyendo el tanteo. Una y otra vez, desliz de los cubiertos, por dentro el agua rechina: La mano de Baldovina separó los tules de la entrada del mosquitero.

viernes, 7 de agosto de 2020

34 poemas, el veinte y seis ( “No es lugar para ti, mi amor” y Eudora Welty)

Eudora Welty

No es lugar para ti, mi amor. Las semblanzas. El metraje alambrado del río persigue los edificios. El rencor, al que nadie le puede llevar la contraria en este bochorno, llena la concavidad del Hudson para que uno sobreviva junto a él. Nada cabe. Y, desde luego, todo me sobra por dentro. La talla. El peso. Obstinarme. También (anoche) el beso que debajo de la luna perdió la arandela, y quedó, por si la belleza fuera demasiado, atrapado en esas cosas que pasan.

El ferry se detiene en el bel muelle. Desde acá, hay poco que decir de Siddhartha, piratas o almejas. El agua cursa sin hostigar. No hay espejo roto, no hay meditación. El regreso sobre las aguas, al cabo de un rato, cuerpo estanco, choca hacia el sur hasta encontrar mi costado. 

martes, 4 de agosto de 2020

34 poemas. El veinte y cinco

Isaías de Michelangelo

La choza en el pepinar, voluptuosa, aromas de chuletillas de Sion, los verdores y vectores, y la suma y la resta, sus delantales del arjé. Cumplo con mi espacio del cuarto a la cocina, parcho en los merinos, el verde mi favorito, y los trastes, hundidos de paciencia y fricciones, se conglomeran contra la redondez que pace.

Los vientos de la tormenta Isaías revuelven los agujeros, la vida en el espacio de cada hoja en el patio y el moral. Una talla para la estadística- La Vida sopla la vela encendida. Cuadriculado mapa ese. Aparecen Mondrian, pasadizos, orlas, perseguidos por PAC-MAN. Lo invisible se impulsa. Detrás, legará la calma, las ardillas del infinito trepan antes que arriben las lluvias. 

lunes, 3 de agosto de 2020

34 poemas. El veinte y cuatro.

Lais de Corinto de Hans Holbein


Se han encorvando las texturas.
Un sapo bocabajo en el cielo rota. 
Parchís arbóreo, bloque cirenaico, el vapor de los blancos-desplaza- asume, Lais de Corinto, el vis vis de los arrendajos: a navajazos carga esta loma con su aire La Prudencia. Vaya civilizado signo.  

martes, 24 de diciembre de 2019

34 poemas, el veinte y tres

If not, not (1975) R.B. Kitaj


Que de tanto egresar el tieso pardo del desierto, el resto de su hambre, calma sefardí, sostiene una dolorosa nota.

Que de tanto rumiar tiene una piedra hecha de conectadas desapariciones.

Que de tanto despegar no llega -no llega- a estar entre lo que pasa y se expande en esa fruta encallada.

Que de tanto poner en duda pinceláronle el color del papel, y de verdad quisieron, para que ello depurara primero el rojo, seguido por la ceguera.

Que de tanto descubrir le escondieron el fagot y la clave.

Que de tanto esperar sobrevino el garguero zumo de su audiencia, brincos de lotería, de quien le devuelve a su dueña las entrañas.

Que de tanto suponer no quiso. Y hubo que sacarle al aire para que -allá- respirara los morados, el resto del piñal empinado en la loma.