
Pinos, Cap d' Antibes, Claude Monet y 1888
Los pinos. Derramadas torres
los pinos se aquietan tras la caparazón
que dejara la granizada de verano.
Negativos espacios. Quedan blancos
en página movediza. Tensos los verdores.
Se suman al cortinaje de sus propias
sombras.
Payan algunos pájaros todavía
al frescor encimado. Otros perchan
e inclinan el cuello. Otros invisibles.
Otros inexistentes.
La cuerda en el corredor. Suelda
su metileno en espera
que alguien cuelgue, selle
el espacio, y agregue al viento
una tuerca.
Mojada la yerba. Miles, filosas,
quietas, calladas se doblan bajo
el peso de un curioso venteveo.
Se apagan algunas flores.
Penetran un farol. Entierran
sus colores. A última hora
se han escurrido sin haberse
movido. Invisibles hasta
mañana.