miércoles, 5 de julio de 2017

Diario de verano (Algunos apuntes sobre Charles Bukowski)

Charles Bukowski

Como dice Bukowski. Responder a la lata porque su interna combustión posee 4 tragos largos. O. Cortos.

B. también dice, y aquí cuestiono el bisbís, que se puede hacer poesía en las quetas de un poliqueto. Y quedar sobrado ante la nomenclatura de algunos sobrios dilatadores, aduladores fugitivos, y después de 3 botellas de Fino.

Concuerdo con B. que el prisma, si es publicitario, duplica las numéricas, las historias, el vejarse desde la velocidad con que se contiene el primer estado de un porno vitral. Nada allí es poema, dice B.  

Es más, se doblega, según B., la estadística cuando te acercas y alguien queriendo ignorarte estira el cuello y pregunta si anoche hubo fechoría o 
Mercotenaticería después de la quinta copa.

Ave del eco frondoso es la luz del fotingo. Según B. Son los ortos índigos cuando les pones manos a sus blancas azucenas. Las cosas se repiten o repugnan. Según B.

Y se aprende a ser reparable. Aun cuando no lo piden. B., sin embargo, ahitado, pone un dedo en FA. Y allí deja plantar esa patria de los binomios incapaces.

Existe El Resplandor que se iguala a la desafortunada capacidad de B. Y no porque yo lo diga.



lunes, 3 de julio de 2017

Diario de verano (Variantes del blanco)


Snow White (2005) Gerhard Richter


1
Isabel de blanco (Obatalá) una tostada ofrece. La mantequilla irlandesa y en de profundis el pan semillas para caries y buen defecar.

2
En el rumiar, atrás, por el fondo de 4 hectáreas donde las vacas bajan la cabeza, un cromo de collares, sus campanas e intestinos se asemejan a un falso carpintero agujereando.

3
Y el perro RIO, motas, pelambre vainilla, flota. Tan mínimo es el esfuerzo con que su vida se asemeja al aburrimiento de sus mordidas.

4
En la entrada de la casa. La acacia que quisieron cortar los trabajadores. Al lado de un innombrable arbusto se refugia, inclinada, de las ráfagas del sur.

5

Y a un lado. Pero, por dentro. La taza. Su rencor. Los vectores en su fondo contienen la suma parte del café que se ha enfriado.

Diario de verano (Crespo. Lo romo del árbol)

Cabeza de venado (Diego Velazquez)

Crespo. Lo romo del árbol de enfrente. Los butanos. El verano somete y sublima variante tras variante y se jacta al desplazar esta tarde el erguido cuerpo, lejos, del venado que se ha parado a mirarnos. Óculo. Su firme estancia y frontal pose.

El roble blanco. Los seis cantos en él de cinco aves irreconocibles. Pero. Su fuerza continua no gira, no lame, ni silba al aire su estancia entre las palabras que aquí aireamos ante el amagar de estas nubes casi insólitas. Casi remedio.

Debajo del toldo, su aporcar envera, sede, locomoción, el viento. Un palo de azimut en los azules, ondas del averno, un delicado agujero para dar bienvenidas, amargor.

La oropéndola. Duplicada asede, jaba, fundiéndose se estrena sobre los cubiertos y los vasos en un sabor imposible colorear. Le pido a mis familiares un poco de paciencia antes que el momento cambie y quedemos casi al punto del sorbo. Al cabo de un momento cuando esto (debería abandonarnos). 

Desde donde estamos, el sur se establece antes que las nubes rueden de este a oeste y bajen su guardia, y el colirrojo- el falcón- cimbre un nido. O. Se violen en tajadas los omóplatos de las vacas que, en el fondo de 4 hectáreas, pastan cabizbajas. Sin exceder. El girón del soto abunda y sus símiles dan un salto antes que el venado, sobre las barrenas de lavandas, corresponda a un simple instante.