jueves, 21 de diciembre de 2017

La octava vela


Miguel Torga

La angustia enciende en el januquiá la octava vela. El aceite crea su grosor, desvelo la media hora, y luego los chicos pican, por un buen rato, el baloncesto en el patio de la escuela. Yo. Pongo la sopa que hice de pescuezo de vaca, papas, y boniato coreano. Disuelto el apio, como el ajo, se vuelve dulce. Hasta hago un gesto y me baño. Pues, decido no responder a las hijas y sus melindres y llamadas de urgencias y costillares. Reculando por Netflix entrada la noche -afuera viento- llega el correo de un amigo. Y entre las memorias encuentro a Rodríguez, Carlos, ya muerto desde el 01. Y masco, entre mis muertos libros, el muerto de él. Frustrado espero buscarlo otro día. Sisado peso La Biblioteca, comedón del polvo. La angustia su mucosa, sus tocatas doppelganger. Me bajo: y lo posible y lo entreverado en portugués: un riachuelo hasta Torga. Aquello del reverso o el rostro y García Vega. Casi en su canana la rapidez para desfundar esto por todos mis agujeros. Me guindan, al fin y al cabo, campanas de incertidumbres. Pero. Uno a las llamas del infierno le pone alarma. Y cierra el libro. 

lunes, 18 de diciembre de 2017

El Miño (El roer de las aguas)

Encadenamiento y Alberto Datas Panero

Ahora que ha cruzado, y las sargas se aligeran detrás de la sombra, salpica, absuelve, cuadricula precavido el roer de las aguas. Vuelve, rótulo su tránsito, Siddhartha o Santiago a largo plazo, chorreando en la ladera el alma (de) esta cosa paralela. Que es ancho por ancla las orillas y el torrente, y añade a cada cuerpo el collar de lo que en su eco se disuelve.  


ESPONTÁNEAS (50, 51, 52)

Alberto Datas Panero


50
Desesperado. Con estos roces me llevo a las entrañas el mejor líquido, lo pertinente: los ardores en los tallos doblegando a una tarde de la siega.

51
El peor día es este. Bebo. Estimo. Cálculo desde el espejo. Escucho a través de la música de otros. Bebo. Otra vez. Por un borde donde hay un círculo bebo. ¿Qué más puedo tejer?

52
Yo, que loco vengo a ti en busca de aquello que propone El Tiempo, ¿dónde escondes tus vulvas y apariencias ante mi desaparecer? ¿Será que te has convertido en mi obturador y mi torturante retrato?

viernes, 15 de diciembre de 2017

ESPONTÁNEAS (47, 48, 49)

Wallace Stevens


47
Esta crisis. Entre los rayones de cirros la gasolinera de enfrente se abre de un lado a otro. Tal pareciera que las carreteras fueran este peso dentro de un cuello (estrechándose) en la distancia.  

48
A la altura de un rayo dos pendones tus ojos (enverdeciendo). Te pregunto a qué altura esta fiebre se ampara debajo de tus axilas. Me contestas: La cebolla (que) te espera.

49

23 segundos de felicidad. Dulzainas que mueven el mundo. Las aguas en sus botellas luminosas. La desilusión cagando por mí. Ka afeitándose el pubis. “Even the musky moscadines,…” entre los versos de Wallace Stevens. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Decapitación de una furcia

Doll (Oskar Kokoschka)

Cuando córtanle el cabello, ante todos, expía una larga y resuelta cara, casi mozuelo en flor. Carísima, diría Darío, El Señor Darío, su amante favorito. Sus cejas, una de cobre y la otra un remedio parecido a una rapaz. Ella. Más redonda ahora, pero más alta, amarrada, desde el cuello para abajo, borlas, y piernas al arrodillarse (carnadas). Porque la humillación pertenece al blanco sobre el blanco obtenido de la túnica de la impiedad. Y ella, furcia, inteligente, mercader del pubis, mayoral de las armas, en friolentas noches sostuvo a caballeros y guerreros desvalidos, la forja de sus piezas en la montura y en el vértigo (sirvientes). No en vano, algunos se asoman antes de ver partir aquel viscoso atisbo. Sus ojos, ella recóndita negrura, dentro de una tinaja derramados. Es casi lo último. Cuando al cercenarle de un tajo el cuello, la plaza, los perros y el instante, levantan la vista. (Todo en su lugar). Apurados cierran los pendencieros los balcones. Corren cortinas traídas de Sevilla. Adentro, el frescor versa sobre los aromas en la mesa, leche y nata, huevos fritos. Un jarrón con lavandas. Y las golondrinas, para que quede aquí grabado, en rítmicos chillidos (afuera) tallan la mañana y el justo momento cuando guardan la cabeza en un zurrón y llaman a los niños a la mesa.  

martes, 12 de diciembre de 2017

ESPONTÁNEAS (44, 45, 46)

Severo Sarduy


44
Parece ser que hablar no es un decir. O. Y. Gotas que se pierden al sudar. La pérdida por oclusión, similar al shock: nirvana al callar, salar al pescar, engordar al morir, etc.

45
En mis rojos soñares: Paloma Blanca. En una de sus plumas: La Caída. Antes de caer: Rothko, una mano. Dispersa. Una décima de Sarduy se recostaba.

46
Y La Lengua apareció en la distancia: un camello. A cuya bestia, para que no hubiera sorpresas, anexole Dios la imagen de un catre en un castillo. 

jueves, 7 de diciembre de 2017

Las tomas de Llanes



Llanes

Dos partes La Postura. La Mar se estira sobre las tomas de LLanes. Mazapán las rocas divididas. Envolturas. Las gaviotas. Un poco más arriba, cuidan las cogullas de las nubes. Si la vida en general posee tal estado polinésico para arrastrar las deudas, entonces a qué viene el sobre del mediodía explícito con los nombres de los ahogados y o el frote de las anchoas bajando por el vinagre. Es más, si la resurrección de la tormenta, todos ya lo saben, llegará tan pronto salgan de la escuela los niños, y en singular cultura los escritores se refugiarán debajo del olor de las sardinas del chiringuito por cerrar, con Quién se podrá conversar de todo esto.