sábado, 1 de octubre de 2016

Montañas bermejas



Image 6 of 10- War Cut II (XVI/XX) 2004 y Gerhard Richter


Montañas bermejas. Desde ahora verás que por la ventana las cosas danzan sin asunto alguno; y el rostro que ahí se impone tampoco. La rinoscopia, la fatiga por los últimos verbos, te seguirán como hedor de carne pasada, allí por consumos y reducciones, la alergia por ti mismo elevada al ir y pasar gente y autos, las hojas del moral esperando del oeste el vientecillo, y ese acordeón entre los intestinos y el cielo, dos enrosques por los mismos ladrillos que entran del patio de la escuela. Y el ruido del recreo. Los niños chillando sin temor.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Detrás un Sísifo

Albert Camus


Es igual a un cacho. Una punta. Un coloquial dolor. Apuntes sobre ello a la vuelta (disuelta) sobre el equinoccio que va torciendo el cielo hasta engordar la marea de los pantanos de Rutherford. Y el ansia de siempre. Alguien que tose dentro del autobús. El descenso desde una roca muy alta y detrás un Sísifo. El otro que gira el cuello mientras la carretera pasa, angostura, la copa rebosante, esa hiel, por un instante, confundida con el placer de estar vivo. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Montañas, bermejos, angoras

Moa muck hunt


Montañas, bermejos, angoras, suspensas amanecen al fondo del total de la tierra. Ojo pucho. Contráctil. Tacto en sus fulmíneos recodos de corneas -opila- el ala de un avión va cortando el norte. Pienso en Moa y ya lo sé. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Rueda -rueda- rueda

Recreacion de la decapitacion de Holorfenes de Caravaggio

Estarcido. Y la saliva le va concediendo un sabor que sobre los techos de Toledo había tenido el albur de una tarde cuando bajó del estribo con el alma en giros, un ardor en el costado donde ella se alojaba sobre todo el reino y sobre toda la fuerza de sus ingles.

Los parapetos. Indultos. El carbón y el sabor a ciervo. El olor a cuerno de toro, descompuesto. La tripería. Le asoma a los ojos (como) una lágrima, sin sal, todo aquello después de las pérdidas. Un ángel al lado -desplumado- dándole órdenes para que se vaya a su propio infierno.

Lo sabe. Y buscar en la ceniza el cordón, todo aquello  -le vino-  instante, el espesor de su cuerpo contra el de ella. El desmadejamiento. De la alcoba la lumbre, el poniente, perderse, escudos y cosas que no pueden remitir. Y (cuando) está por llorar hubiera dado todo por haber nacido -infinitésimo instante- en otro rio y que jamás conocido hubiera a la culpable por donde ahora su vida rueda -rueda- rueda su decapitada cabeza. 

jueves, 4 de agosto de 2016

La Banda


Laureles, Tacuarembo, Uruguay (Fotografia de Elias Mendi Isasi)


La Banda. Estancias, y, a un lado, se deslizan, vuelcos, cuatro azules, un nombre, y una interminable rendija oriental. Y el sol no sabe a cuál franja sonríe. Detrás, en las alambradas, se estira un caballo, una faja de pinos y eucaliptos. Catadióptricos. Helada, lejos, en los interminables potreros, al abandono, pasea con sus novillas entretenidas, la extensísima filosofía del descarte. Se fija. Además. Su parca música al girarse (eje) dentro de un poncho patrio del tamaño de un diminuto estómago, el viento. Allá dentro rumia. O. Y . Afuera consumada (estancos, denuncia, praderas) esta mentalidad, lateralidad, del ser y no ser otra cosa, un espacio dónde se caga por decir o decir se caga a la intemperie de ese fractal diseño de la bosta al instante (cuando toca) tierra como materia fecunda del latifundio.  

martes, 2 de agosto de 2016

Posta del Chuy y los tentáculos de las tentaciones de Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou 

En la Posta del Chuy una puerta lleva a un escondite y el escondite a un hombre de aserrín. Apuesto a que nada fue como me lo cuentan aunque insisten sobre la exquisita tranquilidad ofrecida por la caída de la tarde en este paraje. Y al lado, justo al lado de un edificio de piedras concebidas, a un árbol le creció un agujero, grande de culo e inverosímil- siniestramente abusado- y desde el cual en un ángulo previsto se puede ver el arroyo arremeter contra las redondeces escarzanas del lado oeste del puente en días de crecida y dónde, en fantasmagórica entrada. Y. O.  Salida, preside una cadena todavía, ofidia y resbalosa, habilitada para izar marras, atar bigornias, o si se quiere trancar, como en los días cuando José Gervasio Artigas firmaba patentes de corso, por si a alguien se le ocurría, por acto de celo patrio, en cualquier tarde, agredir allí- postas, almádenas- a cualquiera y violarle el sieso cien veces si fuera necesario sin negociar peaje o falucho.

miércoles, 29 de junio de 2016

Instalación

Miguel Barceló    


Se instala. Y. En el cruce, al pasar la torre de la iglesia, desperdigadas las expresiones, se reúnen las antañas angustias. Entre ellas, las arrugas de Márgara. En el zurcido traje de Gerardo. Quien jala en su cabeza una larguísima soga y una campana que, después de tantísimos años, no logra oír o y –simientes- las burlas del abrojo por las rendijas danzando debajo del aciago humano mientras los niños han esperado todo el día la siesta de los adultos, el adúltero cero en el percudido olor de las guindillas, sus primeras perlas masturbadoras, aquello, miedo y primerizo, alternativa antes que mirada, antes de las fiestas, antes de los casamientos y entierros, antes que la confirmación de la torre se incline y su balanza en la maza se encuentre en la fuente, seca desde el siglo antes pasado, y olvidada por 252 generaciones de golondrinas.