viernes, 13 de julio de 2018

Actos de magia


Carruaje de combate hitita


Intuyo que el sonido en la bocina del carro que acaba de pasar es magia. Que lo que ahí ha caído es multiplicidad. Y que de su alargamiento frutal y de las telas oscuras el misterio puede, ajustado y tenso telón, expandir el eco y hacerlo persistir. ¿Qué hubiese sucedido en aquel solsticio en Tenerife si un corazón infantil hubiese latido con ese poder en el momento del sacrificio, y en el acantilado todos hubiesen sido testigos del bum bum bum aterrador? ¿Qué nos avisa esta sordera en una civilización de incesante bulla? ¿Por qué al acariciar esas telas sus texturas nos convierten en erótica esencia? ¿Qué hubiese pensado un griego ante la aparición de un veloz y desbocado carruaje hitita doblando por una esquina del Ágora? ¿Claxon?

Tan pronto el huevo resbala de lado en el sartén, las hélices pasmadas del ventilador se disparan. La cocina se refresca. Los platos de vetas azules brillan en el mismo centro. Algo de rotación en ello. Una post gravedad. Y si levanto la cucharita coreana en ella una grulla atraviesa de este a oeste, hacia lo cóncavo del límite y la medida. O. Como todo lo que se vierte, toda ella (su elegante cuello, su plumaje) desaparece entre el contacto y las negruras diarreícas del café. 

miércoles, 11 de julio de 2018

Claridad de la sambumbia



Detrás. Por donde Manhattan agudiza, claridad de la sambumbia, se enciman plateando la marea y los cliché. En busca de las rocas, una larga lombriz por la corriente rebota en el muelle. Desde allí, el suicidio sacude un gesto difícil, un paso en falso, y está casi a punto de ser, más que fragilidad, Todo lo contrario. Flor de vida su estado agónico mientras las lanchas en la lejanía se oyen romper las agujas según incontables aguas bordan. Y en el ruido, en lo cercano, desde los mejillones que se marginan y el paladar degusta sus cítricos, la textura (olivar) resbala en la cinco de la tarde. Se adhiere, forma su concupiscencia. Y al bajar la marea, a 20 metros de la orilla, varios peces, zapatillas sueltas de una ausente bailarina, deciden quedarse en los surcos del fango.

lunes, 2 de julio de 2018

Alivios. Las trampas del futbol




Alivios. Las trampas, súcubos, luz, y los cordones lumínicos se aglutinan. Sobre la cerca, detrás del moral, se balancean las ardillas, dividen, desde el calor que afuera se empoza, el principio de Arquímedes. Aquí, dentro, en La Sala, sumersión de tranquilos estancos, la fiera de la quietud, la cantidad contra las paredes, el capricho de ir entre los cuartos como si fueran túneles soñados. Cómo interpretarlo es otra cosa. Porque afuera se acaba de escuchar un Ole muerto, igual a la zancadilla donde descansan los fascismos nacionales, esa confusión de la libertad con la obsesión de La Tribu. O. Peor. Con la redondez de un balón forrado de colores que promueve vacío, apropia las almas, y embarga la felicidad. Por fin, y para el alivio de muchos, los parlantes de la mañana anuncian que el equipo de México ha perdido en El Mundial de futbol.