viernes, 27 de enero de 2012

Nube


27 de enero y el 2012
Nube. Péname tanto este contenedor. El movedizo intervalo que de mi piel al polvo hace un ejercicio de inútil diario. Enmudezco en lo que tú y yo pasamos por estas quincenas. Por ejemplo. Vivir fuyente y aparecer junto a un florero con rombos en un hotel. Y.O. Dentro de un Kandinsky sin azafrán. Como en las fotos. Donde los hijos nos reemplazan con sus rostros y cansancios.  
Sí. Péname. Donde palpo y no encuentro. Cuando retengo y lo único que sale es esto. Una inexplicable tos. Tu nombre tus pechos el olor de tu abrigo el sabor de tu lengua que por el cielo pasa.

miércoles, 25 de enero de 2012

Chopera del Ebro


25 de enero o el 2012


A Txiki
Un remolino. Una talanquera de luz se extravía lejos de la contrariedad del viento. El hueco de su rumor estiba por las yerbas en ligerísimo caos hacia El Ebro. A la vista es la cabellera de lo dormido. La simpleza. El campo con sus escondites. Los trinos brotan desde la placenta verde (marrón) y se encaraman en el fondo. Dan tono ahora que los nubarrones entran con sus barrigas desperdigadas haciendo sombras. Y el horizonte enfría la escala marítima del cielo y los cruces de las estradas que van y vienen por condición del cansancio. Es que desaparece lo inmóvil ante la anticipación. Abanico que despeja. Se reclina en un gran oído y lo indistinguible pasa a ser un sabor a metal en el aire, una pequeña ceguera. De momento, se voltean las hojas. Y la chopera se agita.

sábado, 21 de enero de 2012

La manito china




21 de enero del 2012



Me rasco toda la noche con la manito china. El prurito me ataca en el centro inaccesible de la espalda. Ese poro donde se acumulan sustos y coincidencias, intuiciones, espacios e inexplicables momentos. Y que en ciertas noches, se revuelca contra las arrugas de las sábanas como si se asfixiara. Como si, contra las telas, la ceguera le comiera las entrañas y quisiera abrirse como un cráter para engullirme. Entonces pica que pica. Y toda la noche avanza con sus sueños y pesadillas en un coro mordaz. Se escurre entre sus glissandos internos y me hace agonizar. Torcerme.

Esta noche. Me zambullo de mi vejiga al fondo de una piscina donde aguanto la respiración, y en ese momento decisivo, cuando busco oxígeno, se me concentra, en el poro de la espalda, la mirada de alguien, las gotas de sudor de Song o el vagón de la voz de Canetti en los intestinos de Manga, una esquina de Barcelona, una tuna en Santiago de Compostela donde uno de sus miembros tiene una boina inmensa, las piernas Iddy. O. Y. Las viñetas que le escribía a Nube, la tarde que perdí dos papalotes. Es una cadena interminable de la asfixia. Parece que encuentra otras (zonas) que se me han escapado. Porque a veces, cuando menos me lo espero, me giro de repente con la certidumbre que algo está por suceder a mis espaldas, que alguien me está por llamar. O. Y. Que detrás, una comedia se ha armado y yo no soy parte de ese andamio, y lejos de todo, estoy todavía por nacer. Entonces pica que pica. Voraz. Escabroso. Tenaz el poro. Después, lo único que lo alivia es la manito china. La acerco con cuidado, froto al alrededor (despacito) sus bordes, y disfruto el alivio. Hasta que me vuelvo a dormir.

viernes, 20 de enero de 2012

Iddy y la enredadera


20 de enero de 2012

Iddy le puso cascada. Armó y trenzó las hojas entre verdes y blancos y le puso una ventana. Cristal para la transparencia. Pa’que la luz sea un paquete de lo bello en sus enredos. Y le buscó un jarrón simple. Que no reste. Ni multiplique. Brevedad. Quiso que, a lo sumo, resplandeciera en su totalidad y allí creciera bajo nuestra mirada. Mirando al estacionamiento del patio de la escuela. Y contemplando esos ladrillos contados y recontados desde la primera primavera que abrimos esta ventana. Porque después que cortaran el moral y quedara el espacio como una calvicie, le persiguió las ganas de algo en la pared. Y le pasó la mano. Dejó que yo fuera testigo de sus uñas brotar entre las hojas. Le concertó los tallos para que hubiera altivez y orden. Como una peineta goyesca. Así de hermoso el momento cuando le puso cascada. Y cuando abrió la ventana y se mecieron las hojas con la satisfacción de un corazón. La iluminada cara de Iddy. Se sentó en el alféizar como en un séptimo día. Una pierna colgándole.

jueves, 19 de enero de 2012

Un ganso en una isla remota



19 de enero del 2012
Collares espumosos. La tarde ensarta cervezas. El líquido que sujeta a la tarde separa al viento, al color subterráneo del azul cuando se balancea en el oeste, a la gasolinera con letras rojas, al ramaje inquietado por los 50 kms por hora de una fuerza omnipresente y su convite, al cartel en la ventana de Andys’ Corner Bar que hacia adentro dice CLOSED, y a Sherbine, al lado de la ventana, metido en su ordenador en un poema de la franela.
Cuando me lo lee, salpica con el brazo algo tan lejano a él que no sé si pensar en un niño bautista o en un futuro asesino en serie. Un cazador. O. Y. Ese tipo soltero que tiene el don de alejarse de lo sentimental como un domingo de pavos salvajes. En algún sitio del poema me lo recuerda. Que meter las manos en el bolsillo es una espera para acariciar el gatillo de la escopeta. Después me pone el poema enfrente. Enumera, entre comas y versos, una serie de condiciones para comprar esa camisa de cuadros amplios y donde aparece, bajo luz fría y piso de cemento, un establecimiento que ofrece botas con puntas de acero. Y luego, para rematar, en forma de pregunta, regresa al material de la franela, a la mano de obra, a lo táctil, a la imprescindible capacidad de resistir el chisporroteo de una fogata.
(Sherbine) Blue Point Toxic Sludge. (Yo) Goose Island IPA. La tarde ensartada. ¿Paco Rabanne? No sabe quién es. Después quiere entender lo del festín de El Jardín del Edén. Le sobresaltan los desfiles donde los cuerpos son una mera percha ante las posibilidades y la transformación. Casi acongojado, la voz grave, Sherbine explica cuán tóxico es el utilitarismo de la franela. Y se le tuerce la risa con el vaso en la zurda. Las cortezas de Rabanne no son vestiduras, sino el anhelo de añadirle al cuerpo. Le vuelve a reinventar una exterioridad intercambiable, divertida y natural, y que por necesidad, parte vía lo telúrico. Sherbine eructa. No es una cuestión futurista ni mucho menos. Le digo. Es borrachera de los titanes. Valor estático. No hay más. Me mira como si hubiera descubierto algo en mi oreja derecha. ¿Cómo un ganso en una isla remota? Sí, como un ganso en una isla remota.

miércoles, 18 de enero de 2012

Apuntes sobre Paco Rabanne (arquitecto edénico)

18 y enero del 2012

1) No cabe dudas que Paco Rabanne, a la par del sueño, es un arquitecto edénico.  
2) El ornamento disipa toda contrariedad, pero el nylon rescata lo que le faltó al barroco.
3) Hace de las escamas un ajuste para las coordenadas del averno.
4) Cuelga su perchero con la naturalidad de la anatomía genésica.
5) Y no se debe pensar que desplaza o inventa. El germen está  en su liquidez plástica. Revisión de El Tigris y El Éufrates.
 6) La amputación (prótesis) es belleza estándar. Argumentos para el desnudo. O. Y. La forma.
7) Arrasador cuando el contorno se verbaliza hacia el silencio total de los dioses.
8) El metal no sustituye al frívolo estado de una anarquía de inteligencias. Así tienen que ser los tejidos.
9) Paco defiende al ojo sin espectáculo. Sin codicia. El desacierto es pureza en el talle. Fantasía. Detalle.
10) Siempre le pareció que la geometría debía (ser el sitio donde nos movemos insospechables y sin argumentos).
11) Pero valga la duda ya explicada. Acá no. El mundo acá es un reflejo. Centelleo. Sin futuro.
12)  Cruzó Pasajes. Superó el muaré. Pero se detuvo en la serpiente. Nice.
 13) Es más sensual un Paco estado de reverencia Rabanne, por lo estático (¿estético?), que un bailaíto (rumbero) de lo inútil.
14)  Nada ni nadie me convence que Paco es útil. Nonetheless.
15) La feminidad abre los ojos al borde de la extinción.
16)  Su invitación siempre ha sido lo mejor de El Jardín del Edén.

martes, 17 de enero de 2012

A Heitor Villa-Lobos (Bachianas Brasileiras No. 1)



17 de enero de 2012


Embolada (Introduction)
La caja. Saco. De gazas blancas las palmeras. Un trueque interminable de verdes se cruza en divisiones y multiplicaciones. Poros. ¿Qué es lo que mecen en el aire? Una incierta cabellera me enzarza por costas casi olvidadas.

Modinha (Prélude)
Una trocha espesa se me agolpa como basso continuo. Busco (aturdido) por la ventana acertar sobre el verde. Todo lo que hay es un Jeep color picea glauca. Delante, un Toyota (blanco) mojado por la lluvia de esta tarde.

Conversa (Fugue)
Se trepa en el lagarto de su coliflor esta memoria en rosca. Me mira desde una caja de Arturo Fuente. Da un salto y cae en la luz roja del semáforo. Luz amarilla. Casi frena al olor de la caoba. Y. O. Lo que veo es un extensísimo cocal detenerse.