31 de diciembre y 2010
Durante la madrugada, se han querido meter dentro del diario intermitente varias ratas. Después de mi pacto con Diógenes, entiendo que quieran curiosear y juguetear en este Disney. Tom and Jerry. Quién es Tom, el gato o el ratón. Hace tanto tiempo que no miro muñequitos.
A las 3:34 me despierta el cuerpo alargado, cilíndrico y suave de una ballena. No es el cuerpo lo que me despierta. Yo estaba abrazado a ella. Priápico. Me llevaba por las aguas un abrazo arremolinado. El agua se volvió azul. Un intenso añil. Me dio un ataque de terror. Qué hago en este mar. Me escucho. La voz la tengo grabada en una cinta.
Lo que escucho es una ramita de millo tratando de entrar. Entrar dónde. Me despierto. Y la veo. Es una rata que patina en el linóleo. Desaparece hacia los libros amontonados en la cocina. La habrá asustado mi pregunta.
En la cocina, veo otra que se desaparece por una de las hornillas. Las gacelas de tu nombre. Se me mete la frase. Se mete y no me la puedo sacar. Las gacelas de tu nombre. Y lo que no entiendo es el tamaño de una y otra. Por qué esta ruina de animales que nunca se me ocurriría poseer. Qué hacen aquí. Las gacelas de tu nombre.
Mañana voy a averiguar sobre las gacelas de tu nombre. The Smithsonian Society. Ya tengo la dirección y el teléfono. One Bowling Green
New York, NY 10004
212-514-3700
Ya. Tendré que esperar hasta el lunes. La gente está de fiestas.
viernes, 31 de diciembre de 2010
jueves, 30 de diciembre de 2010
Pasajero 15
23
La superficie equipolada,
El cabello sujetado por alambres.
Es la blancura.
Un alejandrino a pesar
Que se eleva lo prosaico.
(Un tacón flojo)
Vibra como la majagua
Y no es madera.
Va a romperse contra el piso
La fuga del tinto a la copa.
Debajo está la tristeza,
Sin concesiones,
En un mantel de Zurbarán.
La superficie equipolada,
El cabello sujetado por alambres.
Es la blancura.
Un alejandrino a pesar
Que se eleva lo prosaico.
(Un tacón flojo)
Vibra como la majagua
Y no es madera.
Va a romperse contra el piso
La fuga del tinto a la copa.
Debajo está la tristeza,
Sin concesiones,
En un mantel de Zurbarán.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Haikus Libres 13
+
La almohada:
Gris poniente
Del sueño.
+
Dos veces
Por dos lunas
Cuento dos pechos.
La almohada:
Gris poniente
Del sueño.
+
Dos veces
Por dos lunas
Cuento dos pechos.
martes, 28 de diciembre de 2010
Blanco sobre blanco
28 de diciembre y 2010
El borrón. La quinésica. Estancias en el centro de mi ventana. Suenan las gotas de un mundo que se derrite. Seré yo quien se derrite. Será que hay una interrupción cámbrica sobre todo esto.
Desde aquí, sentado en el piso, lo que veo pasar es un parcho de nube. Lento. El cielo se ha intensificado. Desde finales de noviembre, le vengo temiendo a las cosas azules. Tanta luz por la ventana me preocupa.
Me voy a acercar a la ventana. Voy a atreverme a mirar por ese agujero.
Afuera, las veinte pulgadas de nieve han puesto un casquete sobrio y delicado sobre los safacones de la basura. Pero a su vez, la gente ha escarbado una arquitectura rústica. Han creado formas exageradas sobre el blanco.
Anoche me atreví a mirar. La calle se había borrado en pedazos. Las formas de los autos estaban hechas de insinuaciones. Bajé la persiana cuando me pareció que la nieve tenía luz propia. Me dio temor.
En la cocina, no sé qué hacer. De una bolsa plástica saco un queso de cabra. Abro una botella de Gran Feudo. El color del queso es blanquísimo. Se atrevería una compañía de pintura a llamar a su máximo blanco “queso de cabra”. Hace años, ella, Isabel, quiso que le pintara el apartamento. Me dijo, Quiero blanco cegador. Nadie quedó ciego, pero gasté 4 galones en un pasillo. No hubo modo que quedara satisfecho con las tonalidades de aquel blanco cegador.
Cuánto blanco necesitará el blanco para ser más blanco. Zurbarán no le temía. De alguna manera, hasta el fin, lo acompañó la blancura que embargaba a su pueblo de Fuentes de Cantos. Borraba sobre el blanco. Será que borrar es lo mismo que recordar.
“Blanco sobre blanco”. Dónde lo habré leído.
El borrón. La quinésica. Estancias en el centro de mi ventana. Suenan las gotas de un mundo que se derrite. Seré yo quien se derrite. Será que hay una interrupción cámbrica sobre todo esto.
Desde aquí, sentado en el piso, lo que veo pasar es un parcho de nube. Lento. El cielo se ha intensificado. Desde finales de noviembre, le vengo temiendo a las cosas azules. Tanta luz por la ventana me preocupa.
Me voy a acercar a la ventana. Voy a atreverme a mirar por ese agujero.
Afuera, las veinte pulgadas de nieve han puesto un casquete sobrio y delicado sobre los safacones de la basura. Pero a su vez, la gente ha escarbado una arquitectura rústica. Han creado formas exageradas sobre el blanco.
Anoche me atreví a mirar. La calle se había borrado en pedazos. Las formas de los autos estaban hechas de insinuaciones. Bajé la persiana cuando me pareció que la nieve tenía luz propia. Me dio temor.
En la cocina, no sé qué hacer. De una bolsa plástica saco un queso de cabra. Abro una botella de Gran Feudo. El color del queso es blanquísimo. Se atrevería una compañía de pintura a llamar a su máximo blanco “queso de cabra”. Hace años, ella, Isabel, quiso que le pintara el apartamento. Me dijo, Quiero blanco cegador. Nadie quedó ciego, pero gasté 4 galones en un pasillo. No hubo modo que quedara satisfecho con las tonalidades de aquel blanco cegador.
Cuánto blanco necesitará el blanco para ser más blanco. Zurbarán no le temía. De alguna manera, hasta el fin, lo acompañó la blancura que embargaba a su pueblo de Fuentes de Cantos. Borraba sobre el blanco. Será que borrar es lo mismo que recordar.
“Blanco sobre blanco”. Dónde lo habré leído.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Marranas 8
#
Tengo un sello donde Johnny Cash tiene los dientes
Apretados y se niega a repetir su nombre.
#
Encontré la rosa del infierno enrollada, una tarde,
En una cecina de León.
#
Me quedo o me levanto en el accidente de la luz.
Le doy unos instantes a la papila del recuerdo.
#
Me refiero a esa pureza de cosas espontáneas.
La picada del mosquito que no regresará.
#
El árbor decora a la fúlgida mientras el arco
sarpanel sujeta del otoño un último amarillo.
#
Ridículo es uno con la mano alrededor de la cintura
De una langosta en un hotel de Lisboa.
#
Con el arpón en el costado se levanta el cachalote,
Otra mañana, antes de atravesar el Nazca.
#
Tocino con caña de azúcar. Un río de salvajadas.
Un regalo en el que devuelvo una bufanda de astracán.
#
Las molasas se doblan. Su levitar son cosas de tantas
Cosas que pueden ser los cortes de la pregunta que viene.
Tengo un sello donde Johnny Cash tiene los dientes
Apretados y se niega a repetir su nombre.
#
Encontré la rosa del infierno enrollada, una tarde,
En una cecina de León.
#
Me quedo o me levanto en el accidente de la luz.
Le doy unos instantes a la papila del recuerdo.
#
Me refiero a esa pureza de cosas espontáneas.
La picada del mosquito que no regresará.
#
El árbor decora a la fúlgida mientras el arco
sarpanel sujeta del otoño un último amarillo.
#
Ridículo es uno con la mano alrededor de la cintura
De una langosta en un hotel de Lisboa.
#
Con el arpón en el costado se levanta el cachalote,
Otra mañana, antes de atravesar el Nazca.
#
Tocino con caña de azúcar. Un río de salvajadas.
Un regalo en el que devuelvo una bufanda de astracán.
#
Las molasas se doblan. Su levitar son cosas de tantas
Cosas que pueden ser los cortes de la pregunta que viene.
domingo, 26 de diciembre de 2010
Pasajero 14
22
El frasco abierto: inmóviles
Dos caramelos: ámbar: ojos de un pez inerme: deseo
Tras el celofán: pues una mano juega en el borde
De la mesa: bojea: calcula que al otro lado
La mesa dice: la mesa hace: la mano enhebra:
Le sopla en las mangas el viento
Que baja de la vieja rúa: adoquines: recién
Ha llovido: la oquedad:
Cierra los ojos: escucha una ola romperse: (será):
Transpone un momento: un paro: será un trueno:
En su boca: un gusto que hace tiempo se ha congelado:
Algo así: le vuelve el recuerdo: algún recodo (risa):
Sí: discurre la luz hasta el fondo:
Sobre el eco: en un patio de La Habana:
Dos lazos: zafan los dedos la dulzura.
El frasco abierto: inmóviles
Dos caramelos: ámbar: ojos de un pez inerme: deseo
Tras el celofán: pues una mano juega en el borde
De la mesa: bojea: calcula que al otro lado
La mesa dice: la mesa hace: la mano enhebra:
Le sopla en las mangas el viento
Que baja de la vieja rúa: adoquines: recién
Ha llovido: la oquedad:
Cierra los ojos: escucha una ola romperse: (será):
Transpone un momento: un paro: será un trueno:
En su boca: un gusto que hace tiempo se ha congelado:
Algo así: le vuelve el recuerdo: algún recodo (risa):
Sí: discurre la luz hasta el fondo:
Sobre el eco: en un patio de La Habana:
Dos lazos: zafan los dedos la dulzura.
viernes, 24 de diciembre de 2010
Las ollas de Egipto
24 de diciembre y 2010
Otra vez la gula. Una comezón de innumerables carnes. Cortes y cortes ensamblados hasta el tope en las mesas, en los cuartos, en la mesita de noche, dentro de los armarios. Tanta carne que hay que abrir todas las puertas y ventanas. Hay que enfriar todo este espacio para que la gusanera no comience su encomienda. Una vez que aparece el primer gusano, parece que el rumor de la descomposición se desata en una incontenible imaginación.
Pero, a tanta carne, hay que darle fuego. Todos sudan. Se les hinchan los rostros. Esperan con el goce en el esmalte de los dientes. Parecen brillar por sí mismos. Repellan las paredes del estómago con vinos y rones, trozos de quesos y embutidos de oscuros pellejos. La anticipación se levanta en las grasas. Se mete en los tejidos y las paredes, recorre las calles como alisios. Ese olor como un terror.
Los romanos lo practicaban en sus sitios. Debajo de las murallas, los soldados asaban vacas enormes. A la vaca le metían adentro un ternero. Al ternero le metían un lechón. Al lechón le metían un cordero. Al cordero el perrito de mi vecina. Al perrito de mi vecina le metían una oca enana. A la oca enana un pollo Perdue. Al pollo Perdue le metían una perdiz de Toledo. A la perdiz de Toledo le metían un huevo de ganso.
Algunos, retorcidos por el dolor, se tiraban de las murallas. Está de más decir que, en la historia, el aroma ha matado a más de uno.
Los romanos hubieran metido adentro de la vaca a Lady Gaga. Y con qué la hubieran rellenado. Después de todo, no es el hombre un animal limpio y sin pezuñas.
Cómo es posible que se desperdicie tanta carne.
Otra vez la gula. Una comezón de innumerables carnes. Cortes y cortes ensamblados hasta el tope en las mesas, en los cuartos, en la mesita de noche, dentro de los armarios. Tanta carne que hay que abrir todas las puertas y ventanas. Hay que enfriar todo este espacio para que la gusanera no comience su encomienda. Una vez que aparece el primer gusano, parece que el rumor de la descomposición se desata en una incontenible imaginación.
Pero, a tanta carne, hay que darle fuego. Todos sudan. Se les hinchan los rostros. Esperan con el goce en el esmalte de los dientes. Parecen brillar por sí mismos. Repellan las paredes del estómago con vinos y rones, trozos de quesos y embutidos de oscuros pellejos. La anticipación se levanta en las grasas. Se mete en los tejidos y las paredes, recorre las calles como alisios. Ese olor como un terror.
Los romanos lo practicaban en sus sitios. Debajo de las murallas, los soldados asaban vacas enormes. A la vaca le metían adentro un ternero. Al ternero le metían un lechón. Al lechón le metían un cordero. Al cordero el perrito de mi vecina. Al perrito de mi vecina le metían una oca enana. A la oca enana un pollo Perdue. Al pollo Perdue le metían una perdiz de Toledo. A la perdiz de Toledo le metían un huevo de ganso.
Algunos, retorcidos por el dolor, se tiraban de las murallas. Está de más decir que, en la historia, el aroma ha matado a más de uno.
Los romanos hubieran metido adentro de la vaca a Lady Gaga. Y con qué la hubieran rellenado. Después de todo, no es el hombre un animal limpio y sin pezuñas.
Cómo es posible que se desperdicie tanta carne.
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