martes, 8 de enero de 2013

El fámulo se rasca el culo

Gerhard Richter (1962)



El fámulo se rasca el culo. Levanta (tan solo) de la urdimbre del salón de estar el dibujo de un mustélido secuestrado en una tetera de Meissen. La tacita, a un lado y sobre tres platos en el tejido, espera con su gatillo. Y en apariencia quiebra en silencio, el roce del pantalón por la entrepierna, el guante de felpa que equilibra, el espejo entallado, ahora caliginoso, por donde repasó la Señora el conteo, como en una tarde de caza, lo cóncavo: la orilla lábil de la porcelana en contacto con el agua, sucesivo el vapor contra lo claroscuro sus espirales fatuas, un acontecimiento que por acontecer se detiene enervado en un segundo gesto, en las contradicciones y las risitas, y demás. Y hay más, mucho más, lo inane en el florero, donde la luz de trancadas margaritas ofertan fierecillas, se defiende de un dragón de cristales y filos y hormas, rosados y mieles, hojaldre de pasteles y azules y linos blancos a disposición de las manos que recogen también la decepción, lo nimio, la inexpresiva tristeza, la grasa que dejaran los labios, y el rastro fecal de la caterva. 

sábado, 5 de enero de 2013

El prado






No es suerte en gerundios ni de templado anacoreta el círculo negro en los ojos de las vacas. Tampoco el cercano duelo con pistolas de mito o el mugido, pleonasmos y yescas, detrás de los frijolares donde pastan los amores, clavadistas en seco, envidia de la lluvia que en el junco explota como pinga de mono.

Y poco el tiempo para pensar, algo así, pasajero y a favor de la moral de la fruta de temporada que hacia mí viaja; y es que, a pesar de todo, mi talud es mole de este prado en sentido puesto y no de lo opuesto de diestro caballero que perdió su montura en la tiranía del sieso. Me quito la boina ante tanta belleza.

miércoles, 2 de enero de 2013

Marranas 47




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De guámparas nada. Dulzuras, tensiones de una versión de alto cañaveral, cuando a la vuelta vive un viejo samurái sobre las sedas. Kurosawa y el pincel.

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No dejes que los ladrillos se fundan en la pared para decir que hubieras puesto allí un anaquel en vez de los Diarios de Miguel Torga.

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Sobre una flor a la cual lo estólido ofrece una breva tal. Una condición al lado del papel que ya no usas, una tinta seca, como el mejor cuero de un lechón asado.

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Decían de una fórmula para el sexo desintegrado. La vaina explosiva sobre los labios en forma de Big Bang esos cuatro quarks: cima, fondo, extraño y encanto.

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En la talabartería. Me encanto, desde la puerta del fondo a la cima del techo, y el olor muerto y extraño de la vida me erotiza. 

domingo, 30 de diciembre de 2012

Todo el día Bach


Gerhard Richter, Abstract Painting (911-3), 2009



Todo el día Bach. Toda la tarde copos sumidos. La clorofila con su insistencia en los pinos del frente, la invertebración del viento de izquierda a derecha. La luz.

Me inclino sobre lo que cocino. Ajos picados, cebollines en perfectos estados circulares, el perejil macerado. Se me escapa la última tocata BMV 2…y el comentarista recalca, cuando aun humea la pasta, cuán parca la interpretación se escora al pórtico de la memoria de instrumentos olvidados. Si tuviera olfato, le replicarías, ese instrumento, para que no se olvide de la pimienta y la cantidad exacta de sal, ya no me interesa.

Ceno a las cinco y media. Hace rato que afuera alumbran los faroles. Emma me envía una foto. Aparece parte de su rostro. Toda la quijada incluida con sus respectivos labios, el cuello, los hombros en dos calzos, y la entrada a los senos que delinean/separan la piel de las vacaciones y la piel escondida.

La nieve desciende ahora sin prisa. El American Jazz Quartet persigue a Bach. Dejo que el corcho de la cava se estrelle contra el techo. Me siento en la alfombra de mis penitencias y leo el diario de José Kozer, Una Huella Destartalada. De burbujas a agujas, y sin pespuntes, me zambullo en varios recuerdos paralelos a los hechos que leo. Dejo de leer para imaginarme que escribiré lo que estoy pensando mientras leo.

Una sonata me estremece. Estoy convencido que lo que me rodea es un único silencio producto de La Parálisis. Se intercala una corteza con verde y liquen, la piel de un lobo que se estira, una dentadura en mi burbujeante cava. Unas ganas de llorar. Pierdo, otra vez, el BMV.

Shostakovich. Quisiera renunciar a este espacio que ha quedado untado con el aroma de los camarones de agua dulce y el menjunje de aceite de oliva entreverado con los linguini que cuelgan del cello.

Después me percato que renunciar no tiene importancia. Esa seducción por completar los espacios, y redimirlos con la perfección de los anhelos, es un síntoma de fatal entusiasmo.

Muy tarde en la noche. Ha parado de nevar. Ahora la noche comienza a empujar ese telón blanco en brazos de Gerhard Richter.  

jueves, 27 de diciembre de 2012

Amor mal parido de un misógino





A  ésa la mato con fístulas y chocolates belgas, medusas y células drenadas. La mato, en fin, en medio de una fiesta para que todos se enteren. Una sed así, rapaz, su traje Rabanne, imbricado por las vulvas más resbalosas de estas inanidades, la podría verter. Inclusive, la mataría en un bar de sushi si tuviera que pronunciarla empacada de agrio en arroz, vocales, toros y salmones, y su pie fuera traspié o pie de rey o un simple pie deforme, y antes que se quitara armiño y ponleví, antes de trabar su agudeza hasta la garganta protagonista o compartiera el ostentoso encanto (redondo) bajo el edredón de esas plumas de la coriza de sus muslos, la mataría mucho antes de los títulos, del peso hermoso de sus pasos y de todas esas cosas que llenan de tantas inseguridades si tuviera que llevarla al papel o si tuviera que decapitarla en lo alto de un zigurat y ver su cabeza rodar hasta mis pies para quitarle la peineta de los versos que le regalé aquel día, a principios de este año, y del cual no me queda más que mal recuerdo.