Agosto 14 de 1945 (Foto de Alfred Eisenstaedt) |
Greta
Friedman iba ahí. A dar una vuelta. Era el bullir del final de La Guerra. Las
amigas, quizás, al otro lado de la acera, en el gentío se disolvían. Las
blancuras del algarabío de un 14 de agosto. Y nadie lo supo. O. Lo supuso.
Talle, diminuta, había (ese día) diez dolores de muela acudido y consolado a
una niña de encías rosadas, hasta que repentino el día se multiplicó en aquel
hombre desde su sombrero en un beso y aquella oportuna alegría de los edificios
en una orquesta bajo sus tacones blancos, y sin saberlo, ante el mundo, casi
desmayo, abonó un momento de reposados nitratos, y que compartió hasta el día,
hoy, de su muerte.
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