miércoles, 20 de septiembre de 2017

Marranas 53



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La pinza jalando las cejas, y a la romera en el único punto donde canta La Ironía. Y en sus grandes ojos una pareja de cónicos estados de belleza.

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La belleza y la jardinería. Y la hilacha de una hoja (temblor) ante la jáquima de un viento desde el patio del vecino.

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Noruego. Lo había pensado. Bicarbonato y las explosivas y diluyentes compresiones del estómago de un hombre rumiante.

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Cabrón. Igual al pozo donde se ahogó el hijo de Beba. El mismo día que salió a buscarle leche y se encontró con su amante, y a quien le compró arroz en el justo momento de la caída. 
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La separación de las letras, como el amor -dijo alguien en medio de un ataque de asma- es como una libra de arroz sin pesar todavía. 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La Vecina

Fernando Botero

Qué hubo con La Vecina y su aparato de raros estampidos debajo de la vibración del huevo frito a las siete de la mañana entre cada rendija pidiendo sal, o, mejor, qué hubo con las mañas de quien batalla el polvo en las esquinas de las paredes en busca de un infierno esterilizado y

La Vecina, a brochazos butíricos cada kilo al balancearse, escalera abajo con una sonrisa polisémica camino al trabajo, al borde del pico de una rapiña, casi sin ganas bajo sus inmensas grasas, educada, medida, cortés y despaciosa, saluda.

Y afuera. Cuando quiere llegar a los sitios, ininterrumpido ascenso, tarde o temprano, más bien se sienta, y se asegura que no sea posadera de plástico o color blanco el plástico o un respalde que ceda. Y seguidamente se le nota que hubiera cruzado, suspiro y mirada, la pierna derecha sobre la rodilla izquierda. Pero, hace ya más de una década cuando podía mirarse los tacones. Los negros favoreciéndola. Los calcetines finísimos.

Y sus compañeros la admiran. Ella y los demás están casi seguros que la respetan. La llaman por su apodo. Porque es cariñosa y sin caprichos, le ha explicado la que trabaja detrás de ella, la que tiene un hijo en el ejército, y se cambia los tacones por unos tenis antes de irse a casa. Y le asegura, Que ella (La Vecina) no exagera nada, que no recorta, que no se entromete. Y se lo profesan con la más afable levedad de una póliza a pesar que nadie la invita y a nada la invitan. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Entre el grosor y las carreteras


Medowlands, New Jersey

Entre el grosor y las carreteras, y donde aparenta la bandada de gansos canadienses caer, las arritmias de los herbazales de Rutherford se eclipsan por los rodeos entre los almacenes, y el sol que se inclina. Las juntas de lagunas y venas tras el verde en los pantanos entran en el tejido del zumbido. Y en estado flor el humo de una torre se disuelve. Azul anillo, azul. El día trocado frota su lámpara en las carreteras. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

Las aguas

Antonio Vidal Fernandez

Las aguas. Por el baño aparecen las piedras, esquilado un deber en los derrames al lado del envejecido jabón, ese oscurecer de múltiples y angostos movimientos cuando un punto se aleja, y no es más que aguas cayendo, Adornos en vez del viento que afuera azota, Una mirada compulsiva de globo motriz la finca longitudinal en el cuerpo de la cascada, Y que, Como un puro desconcierto, se aleja cuando cercanos a la piel se abren paso los facundos, Y de repente, se envuelve en la forma dura y abierta del grumo antes que acrezca lo seco. 

lunes, 14 de agosto de 2017

Diario de verano (Antonio Ferrera en El Puerto de Santa María)

Antonio Ferrera 

Por correr la mano, azul ha caído el telón en el ruedo. Por llegar, el toro que nunca afloja distancias. Hay quienes juran, para complicarlo todo, que lleno el tiempo, como una barriga al reposarse la inercia sobre el doble paso de ambos, se quedan dormidos, toro y torero, en un infinito instante.

viernes, 11 de agosto de 2017

Diario de verano (5 preguntas)

The Man on the Ceiling (1989) R. B. Kitaj


¿Por qué los péndulos son aroma de yerbabuena?

¿Por qué a taconazos dispersas han sido las moscas más atrevidas?

¿Cuál peso coriáceo del amor en la alcachofa presentose tal hipoxia?

¿Cómo se abrió la puerta de mi bohío antes que entrara este lenguaje incapaz de pactos?


¿Por qué no cabiendo esta Isla ya no se cabe al Ser. O. Estar?

martes, 8 de agosto de 2017

Diario de verano (El vago olor del txantxigorri)


IGNACIO ZULOAGA Y ZABALETA

Llueve. O. Hay una nube desparramada y, por encima, el vago olor del txantxigorri, la silueta del monte -flota verde- hecha un tomo para una rabia celular. Arriba. Cuenco que implora por el arroyo sus sustancias quinésicas en nombre del rodar. A veces


Un poco más adentro del momento, el horno abierto y la erótica devaluada, abrevia y sin quererlo la redondez sobre la redondez del plato se queda futuro, informales dulzores que dejan -en ciertos caseríos- estos bosques antes de morir.