jueves, 27 de julio de 2017

Diario de verano (Los cardenales)

Untitled o "Red Rothko" (1961) y Mark Rothko

Hoy todo aquí, en La Casa, se desarma. La idea de solidificar las ondas que llegan entre cables y claves, enchufes y rotores, se disuelve en el alma de Diderot. Ahí, en sus páginas, el café de Isabel, dominio a medias, agrio, estítico, apurado se desborda por un retorcijón que desde la claridad penetra. Y es otro asueto con su anillo mágico al embargar en silencio la cadera de lo portátil. Sus descargas, al son de la lluvia que

empezó a las 11 argentes, picaduras, en sacerdocio hasta los verdes lux sobre el moral, se diluyen ante confesantes atoros. Creo, fundido, reducto, que quiero interpretar y no puedo los intranquilos y oscilantes pescuezos de los cardenales que pian sin cesar entre las ramas. 

miércoles, 26 de julio de 2017

Diario de verano (Como un hueso égloga)

Ariel Cabrera Montejo


a)
Como un hueso égloga, esta mañana ha tenido como címbalo el fondo de la caldera. Los nuncios de los poemas, almagres -un consumé- se aproximan con el dolor de los vientres invertidos. Como una molleja de pollo. Rompe piedra. Rompe ola. Rompiendo en sus ácidos el mí y el yo y, truco mío, desde que he pentateucado mis esquinas como versos.

b)
Después que el cardenal vino a la ventana y se posó en la baranda. Se estira sobre los verdes del moral una escalera pinzada por este sabor que no deja de abandonarme. El hecho se estrecha, y me impide sentir más allá de este frescor bajo las hélices en el techo- prendidas por un grave girar- hueso suspendido- de un esqueleto al viento. Escucho a Lecuona.

c)

Depuesto. Argollas. Como a las dos de la tarde. Una pila de papeles forra cada una de estas peripecias. El horror de la sala con esta ventana al patio. Sus ácidos. El moral en su fuelle. Me aguza, al toque, al hito osmio, en busca de total silencio.

martes, 25 de julio de 2017

Diario de verano (Los nísperos)

Nísperos y un pájaro de montaña (Anónimo) Dinastía Song del Sur (1127-1279)


(Hace un rato)

A estas horas los nísperos están lejos. Sus soldadas cáscaras, romeros, en algún canto se extienden ombligadas. Creo, cada vez que les doy un corte (imaginario) la razón de mi doblez me reactiva para seguir hasta el cuarto y allí dormir. Sin embargo, julio me parece septiembre. Por las rendijas un insomnio. Ruptura tal, no sé, de verdad, si mañana quisiera repetirse para tener que encajarme en la queja. Esto – y pongo lo escrito aquí- no se excusa. Por mucho que en letanías o acercamientos espeje, los nísperos seguirán en ese espacio, setas de sus conciencias, naranjas negras.


(Posiblemente mañana)

A esta hora colgado, soberbio. Verso encabellado. El tupé- ayer- hacia los nísperos. Repongo ganas -he visto en la lejanía de esos ojos mi rastro hacerse demonio. La camisa arrugada y la panza en medio, tensa, cerveza, artesanía. Y ajustado el ministerio de mis sufragios. O. Andamio, huerta en el culo los gusanos que me trepan. No dejan, y lo digo sin ninguna vergüenza, de trepar, día y noche, este calendario, fugas de mierdas, y otros ponderadores detalles prolijos. Poco de cabecera y flojo ante Danilo Kis, y más bien un proverbio lejos de China, pongo –tongas- en ese montón borrador. Asumiéndolo estoy, vaya, casi me lo creo, aunque los nísperos lejanos.