sábado, 14 de julio de 2018

Aprieta el calor


San Lorenzo Mártir (1636-1639) Francisco de Zurbarán

Aprieta el calor. Sin saber por dónde los hilos se encojen. Ni cómo la libreta roja está ahí abierta, engurruñada piel de endrina, encendida por las letras y tanto manoseo. A menos que giren las hélices del ventilador, el estado del hoy por hoy rota perezoso- entre una palanca y los cuatro deseos de irme al carajo en un decir discursivo, casi hipoxia.

Del lado de mi nadir comparto la soledad de San Lorenzo. Batipuertas. Por si llegara algún vientecillo desde Rutherford dejo abierto el pecho, la cabeza mal cortada. Y antes de jalbegar todo esto y quede sin memoria, hasta el refrigerador llego casi avergonzado. Y se me olvida qué busco. 

Albedo de cidro. El aroma, estos ecos, llegan algodonosos y con 80% de humedad. Es un buen momento. Refrescada la memoria, resisto las esquinas de La Sala y La Biblioteca, entolo en la ventana, el moral, lencerías, aljamías (susurrado solitreo) desde las bocinas que se escurren por las calles, eróticas y vibrantes. 

viernes, 13 de julio de 2018

Actos de magia


Carruaje de combate hitita


Intuyo que el sonido en la bocina del carro que acaba de pasar es magia. Que lo que ahí ha caído es multiplicidad. Y que de su alargamiento frutal y de las telas oscuras el misterio puede, ajustado y tenso telón, expandir el eco y hacerlo persistir. ¿Qué hubiese sucedido en aquel solsticio en Tenerife si un corazón infantil hubiese latido con ese poder en el momento del sacrificio, y en el acantilado todos hubiesen sido testigos del bum bum bum aterrador? ¿Qué nos avisa esta sordera en una civilización de incesante bulla? ¿Por qué al acariciar esas telas sus texturas nos convierten en erótica esencia? ¿Qué hubiese pensado un griego ante la aparición de un veloz y desbocado carruaje hitita doblando por una esquina del Ágora? ¿Claxon?

Tan pronto el huevo resbala de lado en el sartén, las hélices pasmadas del ventilador se disparan. La cocina se refresca. Los platos de vetas azules brillan en el mismo centro. Algo de rotación en ello. Una post gravedad. Y si levanto la cucharita coreana en ella una grulla atraviesa de este a oeste, hacia lo cóncavo del límite y la medida. O. Como todo lo que se vierte, toda ella (su elegante cuello, su plumaje) desaparece entre el contacto y las negruras diarreícas del café. 

miércoles, 11 de julio de 2018

Claridad de la sambumbia



Detrás. Por donde Manhattan agudiza, claridad de la sambumbia, se enciman plateando la marea y los cliché. En busca de las rocas, una larga lombriz por la corriente rebota en el muelle. Desde allí, el suicidio sacude un gesto difícil, un paso en falso, y está casi a punto de ser, más que fragilidad, Todo lo contrario. Flor de vida su estado agónico mientras las lanchas en la lejanía se oyen romper las agujas según incontables aguas bordan. Y en el ruido, en lo cercano, desde los mejillones que se marginan y el paladar degusta sus cítricos, la textura (olivar) resbala en la cinco de la tarde. Se adhiere, forma su concupiscencia. Y al bajar la marea, a 20 metros de la orilla, varios peces, zapatillas sueltas de una ausente bailarina, deciden quedarse en los surcos del fango.