jueves, 25 de mayo de 2017

Era igual a un machete (A mi abuelo Camilo H.)


Ariel Cabrera Montejo

Era igual a un machete. Enfadado. Chapiador. Sobre un pedrusco se sentaba a mirar las nubes rodar sobre los júpiter y extraía de la otra parte de su cuerpo, empapado, un pañuelo arrugado. La cara se le encendía como una manzana. Y en Cuba dudo que las hubiera probado. Detrás del sonrosar reverberaba aquella rabia de hacer lo que había que hacer. Le propinaba a la tregua -verdes- un solo tajo y saltaban manigua y grillos, mi corazón aterrorizado, la piel, la potranca espantando tábanos debajo del ano, y cerca de las piñuelas, sobre los guayabos, una soga de intentos amarrando las hojas en un murmullo: como el que trae el aguacero de junio y baja desde los cerros, y enfila por las cuchillas del Toa. Sin gesticular enfado, se ponía el sombrero, y, en él, todo se transformaba: el día por un intenso gris de hierbas, el machete en el hombre que balbuceaba: Vamos a casa muchacho que se nos viene agua.   

lunes, 22 de mayo de 2017

Incorregibles. Los guineos se estiran ennegrecidos


Bodegon de guineos, jarra y pajuiles (1870) de Francisco Oller

Incorregibles. Los guineos se estiran ennegrecidos, retirados desde hace una semana al lado del vino, nutrias, a roer su carnet trepan, sur puesto sobre las aguas que hacia el Hudson se abren. Hoy. Porque algo le da la gana. La mismísima gana sin mí. O esto. Viene quid pro quo doblado, cuando esparce, único, tundra sobre un sándwich (cubano) la lápida de un momento. Y es que le quiero avisar a Isabel a Blas a Gerardo que no sean imposibles cómplices, que despertar es un misericordioso instante, suma y suerte, estimo y ducha, a la misma distancia de un dónde que en cada uno muere según su intuición le accede suerte. Y. Como los guineos se estiran ennegrecidos, no me queda más que esperar, descomposición, caso transparente, las moscas que girarán inquietas al pie del mantel, debajo de la lámpara, y sobre las tablas de esta mesa de abedul.

lunes, 15 de mayo de 2017

Aguacero de mayo

Vereda tropical (1995) y Antonia Eiriz


Es que mayo es rencor sobre las sobras detrás de los días, las moscas. Y. El envés, esquilas en la pared. O. Un aparente superhombre (que) en el patio doma una tabla, Waterloo a base de agujazos, y clava tallos de amapolas. Es un juego. Aquello: aventura, delicadez, apretado mundo, juega a ser continencia. Y estuco, aguarrás, verdes, el eco bajo la higuereta, el boom del chubasco cerca los ladrillos, y cada uno, recogidos los trapos, la cesta a salvo de la humedad, embarga la alucinación del polvero en las narices del tibio vapor. Porque el agua cae (como es mayo). Corre de un momento a otro entre los jueves. O. Se inscribe por la vereda tropical.