sábado, 16 de marzo de 2013

9 de marzo del 2013 (a Damián, In Memoriam)


S. mit Kind (1995), Gerhard Reichter



Está más ácida la luz (hoy). Afuera, a la vuelta de la esquina, en el patio de la escuela donde juegan los niños en el recreo, también hay ese recomer (tinte) debajo de los ventanales aunque sean ladrillos que se arrimen y levanten una pared hasta lo alto de un techo y encima del techo bajen, por las tejas, trazos de las nieves de muchos antes de ayer.

Regreso tope ese lapso se estrena a los pies- de qué- hecho una batalla- y por ende revoca un sector con mano de obra por las calles y hasta la puerta de este edificio se enfrenta y abre un frente sin ni siquiera encontrar un árbol de apoyo en esta calle y decide que

El preciso momento, hoy, marzo, quiera aquí o no comparar, en cuanto al mundo, las cosas son un reflujo que deja inmóvil, el gesto en agraz, para un total deshielo que refuerza de frialdad a los brotes de las moras (impacientes) y no hay tiempo para esa frase

“Me apoyaba en el sueño en lo que se quedaba el mundo”. De contar expansión nadie se restringirá. Nadie. La lista donde se provoca la depuración no absolverá posición que valga, y la luz, como las dulzuras, debajo de los azufaifos, seguirá con su banda de fulgores; una carrera donde se prefiere salir a pensar en la visita, como dice la canción, sin decir adiós.

La muerte entró aquí. Subió por las escaleras. Y en la más íntima de las elecciones da juicio que pasó. Uno queda frente a una masa (contraída) y el hedor fecal, y la ventana por donde entra el viento desde el patio de la escuela y la lámpara que alumbra, algo inadvertida, dos relojes de pulsera sobre la mesita.

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