miércoles, 9 de febrero de 2011

Las amapolas de la cortina del baño

9 de febrero y 2011

El mareo. Un torrente. ¿El torrente de lo que oigo o lo que pienso ver? Bajo la ducha, el agua no cae como afuera. Por lo menos, no es el mismo ruido. La lluvia lo expande todo afuera y lo contrae todo adentro. La ducha es una maldita regadera que me esfuma entre sus gotas.

Regreso, por las amapolas de la cortina de la ducha, a la sala de mi casa. La casa.

Pongo, en el piso, la cara contra la cruz que divide a cuatro mosaicos. La poca frialdad de la tarde se ha acumulado aquí. Y los pasos de mi madre ruedan como un tren lejano que se viene acercando. Cierro los ojos. ¿Será que se acerca por la calle la máquina del vecino Osvaldo?

Después que pasa la máquina, en segunda, le sigue un leve tintineo sobre el techo de zinc. ¿Ha comenzado a llover o es esta maldita ducha que me vuelve a escupir?

Donde yo quiero regresar es al patio. En el patio donde está la amapola cargada de rojo. Allí, al lado del muro de ladrillos. Esa muralla china. Y llegar hasta la higuereta y mirar hacia arriba. Simplemente hacia arriba. Y allá, un cielo azulísimo entre las hojas. Eso es lo que quiero aunque no sé qué hacer con ello.

Niño, levántate de ahí. No pongas la cara en el piso. Afuera, la tarde vuelve dilatada por la luz, se abren las puertas ante las sombras de la gente que pasa. La sala se achica. Mi madre se pierde por la puerta de su alcoba.

Si quiero regresar al patio puedo esperar más (otra media hora) (bajo la ducha). O. Quedarme con el rostro contra los mosaicos de la sala.

Creo que hoy no va a suceder. Tal vez sea más prudente cerrar la llave de la ducha antes que se acabe el agua caliente.

lunes, 7 de febrero de 2011

En el Café La Bruma

7 de febrero y 2011

Este lunes está azul. Ella lo dice porque tiene un suéter rosado. Con un sorbeto en la boca dice que le falta un cojonal de películas por ver. Lo oigo, desde el otro lado de otra mesa, con una cobertura a la que le pongo poco interés. Hasta que habla de un hombre que se amputa la pierna para sobrevivir.

La otra mujer no quiere ver la ropa interior de nadie. Le da miedo. Le pone, con grados de fuerza, una descripción a la guinga y a la franela. Se ha creado un país lleno de enanos y gigantes, paquetes y ortigas que le suben por el sonrosado del cuello.

Todos quieren ver a Biutiful. ¿Quieren verse? Es una perra recién bautizada. Dicen. Y van bajando la voz porque las miro fijo. Les preguntaría de qué color es la perra. Y no es así. Lo que explica, otra vez la mujer de rosado, es una verdad que se refugia en lo que ella quiere ignorar. Hace un gesto de fe. Y vuelve a decir Biutiful con voz de parachoques.

La neurosis dice que yo mismo me aburro. Hablar un poco. Yo le dije. Yo le dije. Yo le dije. Quizás necesito juntarme con una unidad que comience como un pronombre directo y se mueva como una pareja enamorada. Un robot. No. Un robot. No. Algo que tenga lucecitas.

domingo, 6 de febrero de 2011

sábado, 5 de febrero de 2011

Marranas 15

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Una salida para dar paso a la vida
Sin que tenga que oír las bisagras de la puerta.


#
Se cayó de la góndola el gondolero. La pareja presente
Pasó de amantes pasajeros a un estado de náufragos.


#
La edad para ser reptil ya me pasó. Ahora me queda
La lentitud para arrastrarme por la memoria.


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La gente espera su turno con la condición que
Después que los llamen no tengan que duplicarse.


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Cuando se hunde la décima (la del olvido) acontece
Que lo primordial era el latido fractal.


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La delicia se contiene ante la risa. Se aprende a sobrevivir
Con un lenguaje que no aborda, y sobre todo, se niega a definir.


#
Las palabras afilan su deber para abrirse paso en el olvido.
Me permite pensar que entro en duelo con mis diccionarios.


#
El monstruo sale por la mañana y guarda
Su cola en mi barbería.

viernes, 4 de febrero de 2011

jueves, 3 de febrero de 2011

Comienzo del nuevo año del calendario chino (La Liebre)

3 de febrero y 2011

Entra y sale. Entra y sale. Sale del charco el ojo de una vaca. Quiero decir. De la nieve que se derrite. De este charco de babas frías.

Mi abuelo se inclina blanco (color de la ira) sobre la cabeza de la vaca (color Narciso). Quién se atreve a decirle algo a este hombre.

Vaca y ternero, al matadero. De dónde ha salido el ternero. Ya la vaca lo ha adivinado. Y no hay grito ni empujón que la mueva hasta el charco del lado de allá del semáforo. Nada. Se queda aquí. Firme. Frente a la parada del autobús. En el charco.

Mi abuelo le ha roto el rabo a la vaca. Se le mueve ese buñuelo. Una hélice torcida. Las moscas no respetan. Se le posan en el infeliz ano, en la vulva verde y expuesta. Nada. Se queda aquí. Firme. Frente a la parada de autobús. En el charco.

Me alegro que el 167, cogote cuadrado, se aproxima. Palpo el pase mensual en el bolsillo. Encincho la mochila. No tengo dudas que tengo que saltar.

El autobús se detiene a espaldas de mi abuelo. Antes de saltar por encima del ternero, la vaca y mi abuelo, quien saca su machete y amenaza a la vaca con cortarle el cuello al ternero, cierro los ojos. Salto. Salto por encima del charco y caigo en el primer escalón del 167.

Esta vez no me he mojado los pies. Buen comienzo para este nuevo año del calendario chino.

Me acomodo contra la ventanilla. Tengo unas ganas increíbles de dormir.

martes, 1 de febrero de 2011

Marranas 14

#
Y tener que correr todos estos campos detrás de placentas
Y fechas para tener derecho al reino animal.


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Me lo dijo después que me golpeara.
Sana culito de rana.


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Si la luz parece retroceder, dónde pondré
Esta mañana en la que padezco ecmnesia.


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Exhaustos y sucios, oh quesos y triángulos,
Se reúnen los titanes, ebrios, en la ribera de El Duero.


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En Haití, la gente va a lavarse las manos para arrancarse
El polietileno que soñó un día le salvaría.


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Botas blancas en vez del gato que se quita el sueño.
Era un sueño al revés. Eran uñas afiladas de blanco.


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Desprendida la nieve del frío. Se me aparece una tos
A la que le pongo unas gotas de azul de metileno.


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Gracias a la entrada del súcubo del Conde Orgaz,
Nos llega la primera visión de la vagina celestial.


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El médico me dice que todo bien. Después me meten
Una jeringa y tres recetas. Y todo bien. Ya verá.