sábado, 24 de noviembre de 2012

Noes graves. Hoy sin loas.

Diógenes por Jules Bastien-Lepage (1873)




Noes graves. Hoy sin loas. Pero si mañana se arrimaran con los mismos verbos ya caducos, la apoteosis andaría por ahí, la placa instalada en el pocillo del tintero se absorbería en su euforia cibernética. A cada paso que doy una blandenguería de timbres e inflamaciones, descontentos y sombras, las letras al revés del revés de los reveses, mazmorra por las gavetas de las cambrias, y las tuberías, que desde hace una semana vienen sonando, como si todo el edificio estuviese indigesto con los vientos que dejó Sandy, quieren partirse en las paredes. Y lo importante es que algo (todavía) todavía no se lo permite. Y ya veremos hasta cuándo esta página en blanco (ligero tinte gris para el descanso ocular) con su luz se lo tolerará. Estoy, por lo menos, claro que aquí no tendré espacio para levantar este cuerpo de hojas y escambroso Diógenes, y lecturas, y atar la cuerda donde colgaría mis poemas en portugués. ¿Se quebrará el espacio donde Austerlitz gira en la luz para desaparecer con el bello rostro de la haitiana de anoche? 

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