lunes, 26 de mayo de 2014

La marisma (a Cristina)


Cape May Peninsula, Nueva Jersey, EE.UU


La marea deja, imperceptible turba, las sombras del muelle vibrando entre chicotes. Se calcula, lejos se acaricia, un ejército marrón, el caserío y sus marinas inermes. Y para dividir, desde un nido, en la dispareja plenitud del agua, se lanza un águila rasando los espartinales. Lo demás, desamparo. Allá, fuera del círculo, las gaviotas chillan. Y los patos. Negros. Hundimientos. Ademanes en bujetas de bentos. Se implanta la crueldad como si adentro de una fruta colgara una gusanera que persiste a pesar de la lluvia primaveral. Y en medio, veta, ínsula, cuatro árboles, desgajes, al fuete de los vientos asume un arca gris. Queda exhausta la lectura de cada uno de estos seres a la deriva. La marisma se carmena los cabellos en ese espejo. Y. O. Sobre las órbitas de unas garzas.

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