miércoles, 4 de junio de 2014

Entropía (a N y Q)

Frau, die Treppe herabgehend (1965) Gerhard Richter


Como una andaluza sobreexcitada,
un montón de tripas a punto de reventar
al lado del camión del heladero. El muy canalla
suena la campanita corporal, y a él
acuden, por celestiales, los niños
con sus enrojecidas lenguas a poner algo
tan concreto como es un cono (dulce)
en la alegría de sus bocas.

Dos tesuras se contienen al pasar la lengua.
Vasija y vacío.
Y cómo decir que se pongan la alpargata del destiempo
o decir cómo suele discurrir el gato por su cola.
Y que el gato doblegue su maullido, loor, a las piernas
de aquella cortesana. Educada por San Isidro en Sevilla,
dotada de música y mesura en el oído,
para hacer reír los secretos de corto lance
en la alcoba. Pues, leyó las tragedias griegas y las porras
de San Pablo; mejoró sus sudores con saín de ballena
y perforose el ombligo con la intensión de convertirse
péndulo tras la lectura de Lucrecio. Y no dudemos que
podríamos añadir mucho más.
Y como es entrópica esta historia,
hombres y hombres,
guerreros y poetas
en orden los átomos de sus nalgas rasgaron,
y por el portal aquel sus esqueletos, y
al otro lado ni luz ni oscuridad.  

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